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¿Quién es sordociego?

patinaje.jpgPara entenderlo fácilmente, es una persona con problemas en la vista y en el oído que no le permiten comunicarse normalmente, ni como una persona sorda, ni como una persona ciega.

Las personas sordas o hipoacúsicas pueden leer los labios, pueden aprender a vocalizar, y se pueden comunicar fluidamente con lengua de signos.

Las personas ciegas se comunican oralmente con normalidad.

Las personas sordociegas pueden tener un resto visual, pero no es suficiente para comunicarse como si fueran sordas.

También pueden tener un resto auditivo, pero no es suficiente para que se comuniquen oralmente como si fueran ciegas.

La imposibilidad para comunicarse con las demás personas y con el entorno, es lo que caracteriza a las personas con sordoceguera.

Se estima que en España hay unas 6.000 personas sordociegas (calculado a partir de una incidencia de 15/100.000 en la Unión Europea), además de las personas que adquieren la sordoceguera en la tercera edad.

Tanto las personas con sordoceguera congénita como los que adquieren la sordoceguera en la vida adulta quedan aisladas del mundo y sin medios suficientes para comunicarse adecuadamente por sí mismos.

Cuando la persona sordociega ha desarrollado la capacidad de comunicarse con fluidez, y tiene un grado de comprensión del mundo suficiente, el profesional que necesita es el guía-intérprete. El guía intérprete es, al igual que el mediador, una persona experta conocedora de los sistemas de comunicación alternativos, especialmente la lengua de signos y el dactilológico. A diferencia de los intérpretes de lengua de signos, los guías-intérpretes no solo ejercen de “traductores de lenguaje”, sino que además comunican a la persona sordociega con el entorno. Debe transmitir a la persona sordociega no sólo las palabras sino hacerle “ver y oír” lo que le rodea. Además de la interpretación lingüística y la interpretación del contexto comentadas, el guía intérprete tiene una tercera tarea fundamental: la técnica de guía.

El profesional que compensa ese aislamiento del mundo en el caso de las personas con sordoceguera congénita es el mediador. El mediador actuará con la persona sordociega como compañero competente en el uso de sistemas alternativos de comunicación y otros aspectos comunicativos, permitiendo comunicarse con otras personas y percibir el mundo que le rodea, y potencia la interrelación de la persona sordociega con su entorno, respetando sus decisiones y deseos, posibilitando el aprendizaje continuo basado en la experiencia. Será capaz de actuar como soporte en el desarrollo social y la inserción laboral cuando es necesario. El mediador debe seguir un programa individualizado para cada persona sordociega. Cada programa dependerá del grado de pérdida de cada uno de los sentidos, tipos de pérdida, aprovechamiento de los restos sensoriales, edad en que aparecen, presencia de otros déficits asociados, posibilidades del entorno, experiencia previa en sistemas de comunicación, expectativas y capacidades de cada persona sordociega, y preferencias personales. Es fundamental que haya buen entendimiento entre el mediador y la persona sordociega.